Quan vull explicar un sentiment o un pensament m'encanta fer-ho a través dels contes. De vegades m'inspiro en fotos i els escric, de vegades, els contes venen a mi per ser explicats. Com que a Vilassar hi ha tradició de cultiu de clavells, el blog es titula així. Cada clavell és diferent, té un color, unes formes i una història que vol ser explicada.
dissabte, 28 de maig del 2011
FLORENCIO
El cielo es un lugar indefinido, misterioso y azul, como los ojos de mi abuelo. Tenía una dolencia en la vista que no le permitía ver de frente sino que solo te podía ver de reojo. Habla sin hablar y no decía nada, más te observaba con esos ojos que albergaban tantas posiblidades como anchura tiene el cielo. Aún no sé en que pensaba! De verdad lo digo. Ésta mirada lejana le daba una infinita candencia.
Mi abuelo amaba caminar por ciudad durante horas. Le encantaban los caminos un poco salvajes y los pedazos de tierra que aun quedaban sin cimentar. Siempre caminaba preferiblemente solo. Fue cartero en la Ciudad Condal y conocía el nombre de todas las calles. Más tarde, en su jubilación, fue tesorero en la Asociación de Vecinos de Horta y cuando se retiró porque ya no veía nada y no podía contar dinero, recibió un premio por su metódica gestión.
Nos enseñó a mi y a mi hermano a jugar a la Brisca y a la Escoba. Recuerdo también que cuando venía dormir a casa mirábamos la televisión hasta tarde y su presencia me tranquilizaba. No sé si se enteraba de mucho porque a a parte de no ver bien, era bastante sordo. Recuerdo que se pasaba tardes enteras sin moverse del sofá, escuchando la radio sin decir palabra. Era sigiloso, a veces pensabas que no estaba allí, pero lo estaba.
¿Qué le debería pasar por la cabeza? Aun me lo pregunto. Cuando he vuelto al pueblo donde nació, San Vicente del Valle, miro el paisaje y lo veo a él. La tierra hace los hombres y el carácter de mi abuelo Florencio era un pedazo de la tierra castellana. Hablamos de un lugar que a principios del siglo XX era rudo, agreste y seco. Se dió a luz a niños que ya nacieron siendo medio adultos. Esta tierra fue una madre incapaz de abrazar a sus hijos porque en aquellos tiempos no sabía cómo hacerlo. Los inviernos eran helados, los veranos eran arduos y esta seca mujer no conocía otro sabor que no fuese el del trigo. Centenares de hectarias de trigo...
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